Venecia, una decepción en el viaje



Venecia no fue lo que esperaba.
 

Llegar a Venecia con un pre-concepto, con una idea de cómo es el lugar es lo peor que te puede pasar. 

Muchos de los que viajamos queramos o no, tenemos un pre-concepto de muchos de los lugares que vamos a visitar. Será porque lo leímos en internet, porque miramos alguna película o algún amigo ya estuvo en el lugar, en nuestra cabeza se nos hace una idea de cómo será el lugar. 
 
Lo más loco que me paso a mi cuando estuvimos visitando por el día Venecia fue que nunca me imaginé que íbamos a llegar en tren. En mi cabeza toda la vida tenía la imagen de que Venecia estaba rodeada de agua y que ir por agua era la única manera de entrar y salir. 

Después de una hora y unos pocos minutos estábamos llegando a Venecia y ahí llego mi primera decepción al ver que está conectada con el continente por tren. 

La estación de trenes es un loquero de gente yendo y viniendo. Nosotros nos fuimos temprano para tratar de evitar la muchedumbre de gente, pero no importaba la hora en que tomaras el tren, siempre iba a estar repleto. 

Llegamos y empezamos a caminar por la ciudad. 

Habremos cruzado una cantidad de puentes incalculable 

Maru ya había estado en la ciudad por lo que en este caso hizo de guía. En uno de los pasillos por lo que íbamos caminando me mostró el hostel donde se había quedado que la verdad desde afuera daba mucho miedo por lo viejo que era. 


Muchas heladeríasmuchos negocios vendiendo caretas alusivas al famoso carnaval que se celebra todos los años. 

Una vez que llegamos a la plaza de San Marcos, que es la plaza principal, otra decepción más. Como en muchos lugares si se quiere entrar a conocer la iglesia hay que pagar. Aquí de nuevo, lo que siempre digo. Si en Argentina no voy a pagar para entrar a conocer una iglesia porque lo tendría que hacer en otro país por el solo hecho de sacarme la fotito. Todo muy lindo pero la foto la sacamos desde afuera. 

Esta plaza también es famosa, porque cuando se producen las inundaciones, la plaza queda totalmente cubierta de agua y se ve a la gente caminando con el agua hasta las rodillas. 



Caminamos, caminamos hasta que en un momento nos encontramos con uno de los famosos gondoleros, como en todos lados, se volvió algo tan turístico que se le pierde la magia que podía llegar a tener. Otra decepción más a la lista. 
 
Si lo que querés es no caminar, te podés tomar alguna de las tantas lanchas colectivo que hay y que van haciendo diversos recorridos. 

Caminamos alejándonos un poco del centro y encontramos como es la vida, algunas plazas con canchitas de fútbol, las mujeres colgando la ropa en las sogas que atraviesan de lado a lado la vereda, los gritos y los gestos para hablar sin importar la distancia. 
 
La tarde se iba acercando y nos fuimos para los puentes para sacar algunas fotos del atardecer y ver como el movimiento de las lanchas hacia parecer al agua como si fuera una autopista en hora pico. 
 
De nuevo en la estación, nos volvimos en tren hasta Verona. 

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