Carnavales en Bilbao


Creo que fue la primera vez que me pasó que no sabia en que fecha del año estaba.Llegamos a Bilbao después de un fin de semana y una visita express a Gijón con un sabor medio amargo de no haber podido recorrer la ciudad tanto como queríamos.

De un primer pantallazo Bilbao nos pareció una ciudad muy pero muy linda. Llegamos en Bus y justo la estación se encuentra enfrente del mítico estadio del Atletic de Bilbao. Ya para la época en la que fuimos lo habían reconstruido y actualmente queda como uno de los estadios mas lindos de Europa. Desde afuera si no te dicen que es un estadio de fútbol no te vas a dar cuenta.

Nos instalados en el alojamiento que quedaba en la zona histórica de la ciudad, llena de bares, calles empedradas, y con el río muy cerca.

Empezamos a caminar y notábamos que había mucha gente en la calle, hasta que nos cayó la ficha que estábamos en época de carnavales. Claro, para nosotros viniendo de Argentina, los carnavales son sinónimo de verano, de guerra de agua, de calor, pero aquí al estar en invierno eso se deja totalmente de lado.

Justo al costado del río que divide a la parte antigua de la moderna se había formado un parque de diversiones con un montón de juegos, todos festejando el carnaval. Aquí vimos al hacedor de burbujas de detergente mas grande de todo el mundo y a un chico que tocaba la batería como los dioses.

A medida que íbamos caminando por la calle íbamos notando aun mas gente que se dirijan a un sector en particular. Por la tarde se iba a realizar el típico desfile de carnaval donde cientos de personas disfrazadas de lo mas random que se te ocurra estarían pasando un grato momento.


Grupo de amigos, solos, familias enteras, todos disfrazados disfrutando y festejando los carnavales.

Obviamente que donde hay festejos y gente también habrá comida y bebida. 
Por suerte pudimos disfrutar de uno de los platos locales y mas ricos que probamos. Se llama Carolina y es una especie de muffiin con una cara simpática. También había vino caliente y algunas cosas que al estar escritas en euskera no entendíamos lo que querían decir.

Esta de mas decir, que los bares que veíamos por el centro antiguo, explotaban de gente. Si bien explotaban de gente, era un caos organizado. Cada persona con su caña de cerveza y su pincho comiendo tranquilo.


Los días soleados hicieron que aprovechemos al máximo todo el camino que tiene la costa para poder conocer mas de la ciudad.
Caminando llegamos a un par de estructuras que nos llamaron muchísimo la atención. 
Sobre un lado del río podíamos ver un perro gigante construido con lo que parecían ramas de arboles seguido de una araña gigante metálica. Nos informamos un poco mas y nos dimos cuenta que ambas pertenecen al museo Guggenheim.
Caminamos un poco mas y llegamos al puente Zubizuri, y algo familiar notábamos en el. Después cuando llegamos al hotel y buscamos quien lo había construido nos dimos cuenta que había sido la misma persona que había construido el puente de la mujer en puerto madero en Buenos Aires.

A ambos lados del río sobre la colina se podían ver unas casas hermosas y me imagino que carisimas.

Bilbao fue una linda experiencia, obviamente que nos quedaron muchos rincones sin conocer, pero siempre sirve como excusa para volver a visitarla.

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