Window Shopping en Shanghái

 

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Desde que empezamos con este estilo de viaje y de vida hace un poco más de 2 años, primero en Australia y después en Asia, podría decir que nos convertimos unos especialistas en lo que se refiere al window shopping.

Si no sabes lo que es el window shopping, es básicamente mirar vidrieras sin comprar nada.

Sabíamos que Shanghái es la ciudad más occidental de toda China y lo confirmamos apenas nos bajamos del avión, ya que dentro del aeropuerto te podes encontrar con un shopping, lo mismo que ocurre en las estaciones de trenes y subtes.

Nosotros ya tenemos nuestras marcas y negocios que son fijos, los que sí o sí siempre entramos.

Por más que estemos siete o diez días en una misma ciudad esa misma cantidad de veces o aún más será la que paremos en la vidriera para ver si hay alguna novedad o ver si entro el par de zapatillas o  teléfono que queremos pero que no vamos a comprar.

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Llega un momento en que sentimos que los vendedores ya son nuestros amigos y hubo casos en que en un mismo día llegamos a entrar tres veces. En ese caso hicimos bien ya que Maru se pudo comprar su mochila: por su insistencia y ser habitué, la vendedora le hizo un gran descuento.

Otro gran momento del window shopping se da a la hora de elegir que vamos a comer.

En Shanghái se nos hizo más complicado que en otras ciudades Chinas encontrar que poder comer, ya que en la mayoría de las ciudades anteriores, íbamos a los mercados callejeros y el problema se solucionada en cuestión de minutos.

Uno de los mediodías estuvimos casi dos horas, DOS HORAS, para poder encontrar un lugar para poder comer. Mientras pasaba el tiempo creo que recorrimos todos los lugares para encontrar un menú en inglés y algo para comer. Finalmente, lo conseguimos.

Para llegar a la zona más famosa de toda Shanghái, hay que cruzar una calle peatonal con cientos de miles de negocios y otros cientos de millones de shoppings.

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Luces de colores, cartelera que parece que se te viene encima, vendedores con megáfonos a los gritos con el objetivo de llamar la atención para que entres en su local, son moneda corriente.

La cantidad de gente que está comprando y mirando vidrieras hace que un trayecto de unos 10 minutos caminando en línea recta para llegar a la zona de la costanera (The Bund) sea de casi 30 minutos.

Todos, pero absolutamente todos, están haciendo window shopping y muchos caen en la tentación y salen llenos de bolsas que parecen transformar sus manos en los tentáculos de un pulpo.

Una vez que se sobrepasa esta marea humana, se llega a otro tipo de marea humana.

Vaya a saber uno porque, o quien fue el primero que eligió los mínimos 5 metros en la baranda de la costanera para poder sacar las fotos del Skyline de la ciudad, pero todos están apretujados en un radio de 2×2. La costanera tiene un largo de unos 3 o 4 kilómetros, en donde se puede apreciar igual de bien todo el skyline. Pero parece que todos quieren el mismo lugar.

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Parece una lucha de titanes para llegar primero, parece que estuvieran regalando chocolates o barras de oro, todo con el objetivo de ponerse en el lugar indicado para sacar la foto.

La foto, obviamente, no va a salir como uno quiere. Vamos a tener manos, cabezas y algún que otro mal educado que se mete en el medio, a veces porque no se dan cuenta, otras porque no les importa.

Acá también hay una especie de window shopping, pero en este caso no se da para ver vidrieras sino para quedarse quietos como estatuas mirando el Skyline de la ciudad.

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Se puede apreciar tanto de día como de noche, aunque la verdad que de noche es mucho más lindo con las luces de los edificios que poco a poco se van iluminando, pero más allá de verlo por un rato no hay mucho más que hacer.

La verdad pensábamos que Shanghái iba a ofrecernos más para hacer, pero el Window Shopping está ganando terreno en toda la ciudad y no piensa cederlo.

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